jueves, 9 de mayo de 2013

DESARROLLO SUSTENTABLE DEFINICIÓN Y CONCEPCIÓN POLÍTICA


Comencemos analizando el concepto de SUSTENTABLE; para abordar su definición hay dos corrientes divergentes. Queda claro que el término hace referencia a sostener algo en el tiempo sin que se agote, pero esta divergencia surge de la pregunta: ¿Qué es lo que supuestamente hay que sostener en el tiempo?
La primera corriente propone que lo que hay que sostener es la UTILIDAD, es decir la experiencia que las futuras generaciones tendrán con los recursos que les leguemos, por lo tanto según esta óptica la felicidad intergeneracional debe mantenerse. Para describirlo burdamente la capacidad de estar saludable, tener posibilidades de ocio y realizarse como humanos debe ser igual o mejor generación tras generación.
La segunda corriente responde que lo que hay que asegurar es el FLUJO TOTAL, es decir que el flujo físico de recursos debe mantenerse constante en el tiempo desde sus fuentes naturales, hacia el sistema económico y nuevamente hacia sus sumideros naturales. Más sencillamente podemos decir que el consumo de recursos debe darse a un ritmo que la naturaleza pueda regenerarlos.
Actualmente, la definición instalada es esta última, entre otras cosas porque presenta una ventaja comparativa para el análisis: es objetivamente medible. Es claramente cuantificable un flujo físico, por ejemplo cuánta agua extraemos del ambiente, como la utilizamos para el consumo humano y de las distintas actividades económicas, cuanta y en que condiciones devolvemos al ambiente y que capacidad de regenerarla tiene la naturaleza.
Si bien estas mediciones no son simples, su resultado es objetivo, algo que permite trazar metas globales.
Esta visión está muy ligada a la idea de reciclaje que presenta al ciclo económico ya no como un sistema lineal donde en cada extremo está la naturaleza, incapaz de proveer ya recursos al inicio del ciclo tanto como de recepcionar los desechos del final de la cadena sino como un ciclo circular inagotable.
En contrapartida, la utilidad no es objetiva está fuertemente ligada a cuestiones culturales, por lo tanto como utilizamos, que valor simbólico y cuanta satisfacción obtenemos de cada recurso varía, con el tiempo y con nuestro contexto geográfico, religioso, educativo y demás.
Para graficarlo podemos decir que desde que la vida se ha urbanizado más y más, nos hemos habituado a vivir en superficies cada vez más pequeñas, en ese aspecto se reduce la necesidad de recursos; sin embargo no siempre las variaciones son a la baja: el estilo de vida actual con tecnología incorporada en casi todo los ámbitos cotidianos implican una demanda creciente de minerales y energía. En definitiva, los parámetros que fueron válidos hace unos años no lo serían hoy, una persona podía realizarse perfectamente a la luz de las velas en la época de la colonia pero hoy sería considerado marginal en cualquier ciudad de la argentina.
Esto sin adentrarnos en diferencias culturales más profundas, como que significado puede tener la carne para un hindú que considera a las vacas sagradas y un argentino que ¡considera sagrado al asado!
En cuanto a cuál de estas definiciones es mejor, es interesante dejar abierta a la reflexión ... Sin embargo me permito adelantar mi opinión, yo opto por el criterio de utilidad, en principio porque creo que el criterio de flujo, tiene un defecto intrínseco es sólo aplicable a recursos renovables, no casualmente graficamos el concepto con el agua que es uno de ellos, pero hay otros recursos muy difundidos como los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) que según este criterio no podrían aprovecharse en lo absoluto; pero lo más importante es que en este caso también se da un error común de los tecnócratas, ellos muchas veces confunden los medios con los fines.


Concepción Política
 Muchos que ven la política a través de los números (algo que instalaron los economistas a fuerza de cuadros, riesgos país y calificaciones de consultoras neoyorkinas hoy desaparecidas) señalan que el objetivo final del peronismo fue la distribución de la renta, hasta alcanzar el “fifty-fifty” (así lo llamó Perón un poco burlándose de los neologismos importados desde EE.UU.); nosotros los peronistas no podemos caer en esa trampa, el objetivo final del peronismo es la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación o como lo explica claramente el artista plástico Santoro, “el peronismo vino a democratizar el goce”. Ese es el horizonte, repartir equitativamente los recursos es sólo una condición necesaria, que acompañada de muchas otras como que el pueblo participe de las decisiones, la reivindicación de nuestra cultura contra los ataques tipo “civilización o barbarie” y podríamos seguir enumerando condiciones muchas de las cuales no pueden medirse pero que son esenciales para la concreción del fin.
Adoptar el criterio de utilidad no debe ser una excusa, ante la dificultad de medición para no cambiar nuestro modelo de utilización de recursos, nuevamente por poner un ejemplo concreto, no se descarta la idea de evaluar cuánta energía consumimos y si el ambiente podrá reponerla, pero eso es sólo una herramienta, si nos situáramos en Argentina del 2002, en plena crisis, allí donde la producción estaba parada y miles y miles de compatriotas estaban en la desprotección total sin vivienda o con una en condiciones muy precarias, allí la energía sobraba. Desde el punto de vista ambiental podría considerarse positivo pero ¿quién se animaría a decir que eso es sustentable?
Aquí ya vamos descubriendo algo del Desarrollo Sustentable, es un criterio que no se reduce únicamente a la perspectiva ambiental.



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